En la era de la inteligencia artificial y los smartphones, Casio vende 39 millones de calculadoras por año. El pequeño aparato de plástico guarda un secreto que la IA todavía no puede replicar del todo.

La calculadora que
no quiere morir
En la era de la inteligencia artificial y los smartphones, Casio vende 39 millones de calculadoras por año. El pequeño aparato de plástico guarda un secreto que la IA todavía no puede replicar del todo.
Hay objetos que deberían haber desaparecido y, sin embargo, persisten. El vinilo sobrevivió al CD y al streaming. La libreta de papel coexiste con la nube. Y la calculadora de plástico, ese pequeño rectángulo con botones que acompaña a la humanidad desde la década del sesenta, sigue vendiéndose a decenas de millones de unidades por año mientras la inteligencia artificial promete hacerse cargo de todo cálculo humano imaginable. La pregunta es inevitable: ¿por qué?
La respuesta no es una sola. Es una combinación de precio, confiabilidad, autonomía, pedagogía y algo más difícil de cuantificar: la relación de confianza que algunas personas —en especial fuera del mundo hiperconectado— han construido con ese objeto simple y predecible. La calculadora no alucina. No se queda sin batería en el momento menos oportuno. No necesita señal. Y, sobre todo, siempre da la respuesta correcta.
Casio y la paradoja de los 39 millones
El japonés Casio es el termómetro más claro del estado de salud del sector. Tomoaki Sato, directivo senior de la empresa, reconoce sin rodeos que las calculadoras personales han sufrido un declive «innegable» en el ámbito corporativo: la tableta, el smartphone y la computadora las han desplazado casi por completo de las oficinas. Y, sin embargo, en el ejercicio cerrado en marzo de 2025, Casio comercializó 39 millones de unidades en más de cien países.
La cifra es menor al pico de 45 millones registrado en 2019–2020, pero supera ampliamente los 31 millones del período pospandemia. El mercado se contrajo, tocó fondo y rebotó. Y el rebote tiene una dirección clara: los países en desarrollo y el sector educativo, donde la calculadora sigue siendo, en muchos contextos, la herramienta más accesible, más duradera y más confiable para el cálculo cotidiano.
«Todo el mundo no puede acceder a la conectividad de los celulares inteligentes, y las calculadoras son herramientas optimizadas, centradas en las funciones necesarias.»
— Ryohei Saito, Director General · División Tailandesa de CasioTres razones concretas por las que resiste
Desde las calles del barrio chino de Bangkok hasta las aulas de Ljubljana, la calculadora subsiste por motivos que se pueden articular con precisión. No es nostalgia ni inercia: es funcionalidad pura en contextos donde la alternativa tecnológica presenta fricciones reales.
Por qué la calculadora sobrevive en un mundo con IA
- Precio y accesibilidad: una calculadora básica cuesta una fracción de lo que vale cualquier smartphone. En mercados emergentes y escuelas con presupuesto limitado, esa brecha económica es determinante. No hay plan de datos, no hay contrato, no hay cuota mensual.
- Durabilidad y autonomía energética: las calculadoras funcionan con pilas de larga duración o con energía solar. No dependen de red eléctrica estable ni de cargadores. Pueden caerse al piso repetidas veces —como le ocurre a la vendedora de Bangkok— y seguir operando sin problema.
- Confiabilidad matemática garantizada: la IA generativa comete errores en operaciones básicas. Las calculadoras, no. Esa certeza —simple pero absoluta— tiene un valor enorme en contextos donde un cálculo equivocado implica una pérdida económica real o un error pedagógico grave.
- Interacción directa y sin barreras idiomáticas: mostrarle al cliente las cifras en la pantalla de una calculadora elimina malentendidos de idioma en mercados de turismo y comercio internacional. Es comunicación universal sin fricción.
El comercio callejero y el aula: los dos últimos bastiones
En el barrio chino de Bangkok, Thitinan Suntisubpool, copropietaria de una tienda de bolsos, lleva años usando la misma calculadora. Ha sobrevivido caídas, humedad y el paso del tiempo. Para ella no es un objeto anticuado: es una herramienta de trabajo que cumple exactamente la función que se le pide, sin distracciones y sin necesidad de internet. «Es más práctica en muchos sentidos», afirma. La pantalla le permite mostrar los precios a turistas de cualquier idioma de forma inmediata.
El otro frente que Casio identifica como motor de crecimiento es la educación, especialmente en países con infraestructura digital desigual. Las calculadoras científicas siguen siendo material obligatorio en muchos sistemas escolares, y su costo accesible las convierte en la única opción real para millones de estudiantes. Sato es optimista al respecto: el potencial del sector educativo en economías emergentes representa, para Casio, una fuente de demanda sostenida que ninguna aplicación de smartphone puede sustituir completamente de momento.
- Siempre da la respuesta correcta en aritmética
- Sin conexión a internet ni electricidad constante
- Precio accesible para todos los bolsillos
- Resistente a golpes y condiciones adversas
- Interfaz sin curva de aprendizaje
- Sin distracciones ni notificaciones
- Puede resolver matemáticas avanzadas y abstractas
- Explica el razonamiento paso a paso
- Potencial de nivel Olimpiadas de Matemáticas
- Requiere conectividad y dispositivo compatible
- Comete errores en operaciones básicas
- Aún no alcanzó la puntuación máxima humana
Lo que la IA todavía no puede garantizar
La paradoja más llamativa de este debate es que la inteligencia artificial, que amenaza con hacer obsoletas a las calculadoras, todavía comete errores donde esas mismas calculadoras son infalibles. Los modelos de lenguaje como ChatGPT han sido sorprendidos en múltiples oportunidades fallando en sumas simples o cometiendo errores de razonamiento numérico que ninguna calculadora de dos dólares cometería jamás.
A nivel de alto rendimiento, los avances son impresionantes: en julio de 2025, modelos desarrollados por Google y OpenAI alcanzaron puntajes comparables a los de campeones de las Olimpiadas Internacionales de Matemáticas. Pero el detalle importa: ninguno obtuvo la puntuación máxima del concurso, mientras que cinco participantes humanos sí lo lograron. La brecha se cierra, pero persiste.
«Las calculadoras siempre dan la respuesta correcta.»
— Tomoaki Sato, Director General Senior de Educación · CasioPara Gregor Dolinar, presidente de las Olimpiadas de Matemáticas y profesor de ingeniería en la Universidad de Ljubljana, los avances de la IA en este campo son «fascinantes». Reconoce que en ciertos problemas abstractos y lógicos, si la pregunta se plantea correctamente, la IA puede mostrar razonamiento sofisticado. Pero al mismo tiempo, observa algo significativo entre sus propios estudiantes: hoy calculan todo en el teléfono, y la calculadora física está en proceso de desaparición progresiva, al menos en el mundo desarrollado.
La IA y las matemáticas: dónde está el límite real hoy
Una línea de tiempo que no termina donde se esperaba
La trayectoria de la calculadora es la de un objeto que estuvo a punto de desaparecer varias veces y cada vez encontró un nuevo nicho donde resultar indispensable. Primero fue la industria, luego la ciencia, después la educación masiva. Hoy su terreno es más acotado, pero más sólido de lo que parece.
¿Cuándo podría cambiar este equilibrio?
- Cuando la IA sea 100% confiable en aritmética básica: mientras los modelos de lenguaje sigan cometiendo errores en sumas simples, las calculadoras mantienen una ventaja objetiva e irremplazable en contextos donde el error tiene costo real.
- Cuando la conectividad llegue a todas partes: en mercados donde el smartphone no es accesible o la conexión es inestable, la calculadora permanece como herramienta de referencia. Cerrar esa brecha digital llevará décadas.
- Cuando los sistemas educativos se adapten: muchos currículos escolares en el mundo en desarrollo siguen especificando calculadoras físicas como material obligatorio. Ese cambio normativo es lento y desigual.
- Si los precios de los dispositivos digitales caen dramáticamente: la barrera económica es hoy uno de los pilares del mercado de Casio. Si el costo de un smartphone básico se equipara al de una calculadora, el escenario cambia.
¿Desaparecerá la calculadora?
Dolinar, desde su experiencia como educador e investigador, no duda: la calculadora física está «abocada a desaparecer progresivamente». La tendencia es clara entre sus estudiantes universitarios. Pero lo que los números de Casio revelan es que «progresivamente» puede significar décadas, no años. Y que esa desaparición, si llega, no será global ni simultánea.
En los países desarrollados, la calculadora física ya es casi una reliquia pedagógica que subsiste por norma más que por necesidad. En los mercados emergentes, en las tiendas callejeras de Bangkok, en las escuelas con presupuesto ajustado, en cualquier contexto donde la confiabilidad vale más que la sofisticación, la calculadora sigue ganando. Y eso, en un planeta donde la mayoría de la población todavía no tiene acceso confiable a internet, es más mercado del que parece.






